En el cuerpo humano existen chakras de muchos tamaños, colores y ritmos diferentes.
Hay siete chakras mayores, distribuidos a lo largo de la columna vertebral y cabeza, 21 chakras pequeños ubicados en partes estratégicas del cuerpo como las palmas de las manos y las plantas de los pies, 49 chakras más pequeños aún y y otros que se ponen en actividad a medida que el hombre avanza en el sendero evolutivo.
Los siete más importantes se somatizan en las glándulas de secreción interna y condicionan el resto de los chakras y todo el cuerpo .Las hormonas son mensajeros químicos que transportados por la sangre, transmiten a los órganos una orden cifrada en código que sólo ellos pueden leer y adonde “les dicen” la cantidad y calidad del trabajo que deben realizar.
Al comienzo de la evolución estos vórtices o ruedas energéticas están vueltas hacia abajo y sus revoluciones son lentas y pesadas, pero a medida que el hombre crece internamente y expande su conciencia, los chakras van aumentando su velocidad giratoria y al ampliar su campo de influencia se enlazan unos con otros describiendo circuitos precisos y cuando se ha llegado al pináculo de la evolución todos giran velozmente como soles cuya luz destella en todas direcciones y se proyectan más allá de la forma corpórea, inyectando su vida en todo cuanto tiene la dicha de poder contactarlos.
Así uno a uno los chakras van despertando y puesto que cada uno canaliza una energía diferente, el hombre expresa, en su actuación en el mundo, el escalón que está pisando en la escala evolutiva.

